La pobreza material de la gente de la montaña


Toda la vivienda es del tamaño de mi oficina, está construida con adobes y un poco de madera, la señora de la casa es doña María; ella ve desde la ventana de la pequeña cocina que unas personas desconocidas hemos entrado a su patio, pero ella sin alarmarse nos sonríe, “buenos días, somos misioneros y la andamos visitando”, saludó uno de los misioneros, inmediatamente la señora nos da un abrazo e invita a entrar a su cocina.

Entramos a aquella cocina de piso de tierra, resalta mucho la blanca “hornía” donde cocina sus alimentos y especialmente las famosas tortillas. Mientras ella vigila que sus tortillas no se quemen, el joven misionero Gustavo Sam Pang la invita a que asista a la misa que habrá el día siguiente. Es seguro que no se le olvidará a doña María la cita, pues ya han escuchado también sus nietos que siguen la conversación sentados sobre en una rústica banca.

Doña María y el resto de la comunidad de El Remolino en el Merendón son hondureños que sin gozar de los servicios de energía eléctrica o agua potable, viven el día a día con alegría en medio una escasez de recursos materiales.

Tuve la  oportunidad de observa esta realidad hondureña durante la misión que realizó el grupo Misioneros de ESperanza de San Pedro Sula junto a los jovenes del Centro Católico de la Universidad de Tulane, Nueva Orleans.

Personalmente considero que es difícil comprender cuanta pobreza existe en mi país, es una desigualdad de riqueza enorme.

En San Pedro Sula, capital industrial de Honduras,  hay gente que luce sus carros del año, viviendo en mansiones y peleando con otros por el deseo de tener y tener, mientras a dos horas de camino de la ciudad hasta las aldeas en El Merendón hay gente que trabaja todo un día para obtener algo de alimento. Para el joven Anuar Xavier Guardado del grupo de Misioneros de Esperanza, su experiencia la vivió en la Aldea de Guanales, “donde hay 40 familias y solo existen 10 letrinas. La mayoría de los niños no van a la escuela, ya que muchos se dedican a cortar café o a trabajar la tierra”.

La falta de agua potable es una gran limitante para los habitantes de Guanales. “Muchos cocinan y toman con agua del río. Lo más grotesco es que no tienen energía eléctrica y habiendo en ese sector una represa con capacidad para dar energía eléctrica a unas 750 familias, señaló el misionero. “Al ver esta realidad uno puede sentir o ver como esa gente que desde muy corta edad empiezan a darle lucha a la vida sin ver solo obstáculos sino viendo la forma de salir adelante y no como uno aquí en la ciudad, que viviendo con ciertas comodidades uno solo ve la vida llena de obstáculos para no salir adelante y se empieza a quejar y a renegar de Dios”, reflexionó el joven.

POBREZA EXTREMA

Se define “pobres extremos” a las personas que residen en hogares cuyos ingresos no alcanzan para adquirir una canasta básica de alimentos, incluso si los destinaran en su totalidad a dicho fin. A su vez, se entiende como “pobreza total” la situación en que los ingresos son inferiores al valor de una canasta básica de bienes y servicios, tanto alimentarios como no alimentarios.

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