Archivado en: celebraciones | Etiquetas: alfombras, aserrín, barrio Barandillas, viernes Santo
Pasé el Viernes Santo con mis manos metidas en el aserrín…Me invitaron a participar en la elaboración de alfombras de aserrín que hacen las comunidades y vecinos del barrio Barandillas aquí en mi ciudad de San Pedro Sula, es una tradición hacer esta actividad durante el día, y por la noche las calles alfombradas se convierte en un camino especial para que pase la procesión del Santo Entierro.
Así que el viernes, luego de andar tomando fotos en el Vía crucis en la mañana acudí al barrio. Me coloqué una gorra para protegerme del fuerte sol de ese día y lleve mucha agua para beber.
Todo inicia con la selección del diseño, unos 3 o 4 días antes se tiñe el aserrín. El mero día, o sea el Viernes Santo, el grupo que hará la alfombra busca el espacio en la calle que les corresponde. Trazan el dibujo sobre el pavimento con una tiza. Con el aserrín ya teñido comienzan a dar forma a la obra.

Después de muchas horas de trabajo, nuestra obra! Les gusta?
La actividad empezó a partir de las diez de la mañana, no entendía por qué tan temprano, si la procesión del Santo Entierro era a las cinco de la tarde. Pasó el tiempo y ya eran las dos de la tarde y aún no terminábamos. Entonces comprobé que hacer una alfombra con aserrín no es cosa de unos minutos… eso me quedó bien claro.
Bajo aquél sol de ese día, la gente seguía con alegría y dedicación para terminar la alfombra. En mi caso, estuve con los jóvenes de “Llamados para servir”. Mis manos estaban pintadas entre naranja, amarillo y negro, algunos colores utilizados para formar la alfombra del grupo.
En mis recorridos para tomar las fotos de la gente trabajando en sus obras, pude ver diferentes manos metidas entre el colorido aserrín, manos de niños, manos jóvenes, otras no tan jóvenes, y algunas manos ya con las marcas del paso de los años, lo cual no fue obstáculo, por el contrario, con el agregado de la paciencia crearon una alfombra bien detallada.
La verdad es que no sólo disfruté ese tiempo, también me relajé compartiendo entre amistades, viendo como algunos papás trabajaban con sus hijos e hijas y aprendiendo a mezclar colores. Algunas personas que se encontraban enfermas o con alguna discapacidad física salieron de sus casas y pasaron un rato ameno observando esa colorida actividad.
Los refrescos y bocadillos circulaban de una cuadra a otra, compartiendo alimentos entre las comunidades. Una vez terminadas las alfombras, sus creadores corrían a tomarse la foto del recuerdo. Y cuando ya la procesión se acercaba, con orgullo cada participante permanecía a la orilla de su alfombra de aserrín.
Fue una agradable experiencia, felicito a todas las comunidades que participaron, porque cada una le puso corazón a la alfombra y contribuyeron para hacer un día diferente en esta ciudad. Para el próximo año, invito a todas y todos para que no se pierdan de esta actividad.
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